Nos vemos en la obligación de trasladar el malestar creciente que se respira en nuestras oficinas. Todos celebramos que nuestra ciudad, A Coruña, sea de primera, pero nos preguntamos:
¿Están nuestros directivos a la altura de lo que este equipo humano merece?
Parece que algunos directores han confundido nuestra entidad con una competición de élite, trasladando una presión tóxica a los centros de trabajo. Bajo una supuesta estrategia de «retos» y «seguimientos», se ha instaurado una dinámica que dista mucho de ser saludable. El ambiente en las oficinas se ha vuelto insostenible.
Resulta irónico que, mientras en la mesa de Riesgos Psicosociales se nos intenta convencer de que «no hay presiones y los seguimientos no existen», la realidad diaria es otra muy distinta:
– Fiscalización excesiva: Lo que se presentó como una «prueba piloto» se ha convertido en una vigilancia asfixiante, donde se cronometran los minutos de llamada bajo el pretexto de una supuesta menor carga operativa.
– Intimidación en la gestión: No es comprensible que las llamadas de los Gestores Especialistas sean fiscalizadas por personal ajeno al centro de su trabajo bajo la etiqueta de «expertos» en fondos de inversión. Esta práctica solo tiene un fin: intimidar y forzar la contratación de fondos a cualquier precio.
Todo esto provoca que, cada mañana, cuando el trabajador CONECTA el ordenador, no inicie una jornada profesional, sino un verdadero suplicio.
Desde ASCA exigimos que se ponga fin a estas prácticas de presión individualizada que generan encontronazos entre compañeros y fracturan la convivencia en los centros de trabajo. Cuando el sector financiero lo requirió, esta plantilla estuvo a la altura, asumió sacrificios y sostuvo el servicio en momentos críticos, demostrando profesionalidad y compromiso. Precisamente por eso, resulta inaceptable que ahora se la trate como si fuera un equipo al que hay que presionar para “salvar una categoría”. Nuestros trabajadores no son jugadores sometidos a marcadores imposibles: son profesionales que merecen respeto, reconocimiento y un entorno de trabajo libre de hostigamiento.
Si quieren una plantilla comprometida y eficaz, deben empezar por tratarla con el respeto y la dignidad que merece. No supone ningún coste.